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Qué es el turismo slow y por qué es más necesario que nunca

Vamos a hablarte del famoso turismo slow, pero déjanos empezar por otro sitio.

Qué gozada viajar, ¿verdad?

Pensar dónde vas, planificar e imaginar los sitios que visitarás.

Hacer cosas nuevas, probar platos típicos, conocer gente y chapurrear la lengua autóctona… Aiisss (aquí va un suspiro melancólico), qué larga se hace la espera para las vacaciones.

Romper con la rutina que nos aplasta y, ¿por qué no reconocerlo?, enfrentarnos a algunos miedos que tenemos por ahí, es lo que le pedimos a viajar.

Pero claro, se puede viajar de muchas formas.

Gracias a la bendita globalización y a eso que llaman “democratización de los precios”, parece que el ser humano se ha propuesto conquistar cuantos más territorios mejor.

Cuantas más cosas veamos en menos tiempo, más contentos estamos. Bueno, algunos.

Se ha impuesto el turista de checklist que va tachando todos los objetivos que va cumpliendo. Le falta poner su bandera en cada monumento o ciudad.

Parece que el FOMO se ha apoderado de mucha gente. El Terror a perderte algo, aunque lo hayas mirado 10 minutos. Rabia cuando no te da tiempo a subir un momento en aquella plaza a tus stories o te has quedado sin batería en el móvil.

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¡Basta!

Como diría Mafalda: “Que paren el mundo que me bajo”.

Si estas son las reglas del juego, mejor quedarse en casa.

Piénsalo bien. En un viaje, lo que más recuerdas son las anécdotas. Esos instantes mágicos que te sucedieron por sorpresa, sin esperarlo, fuera del esquema.

Ese día en el que no encontrabas taxi y acabaste entre risas en la furgoneta de un repartidor caritativo volviendo a tu alojamiento bajo decenas de paquetes.

Aquel viaje en el que perdiste el avión o el tren y acabaste cenando y contándote la vida con unos desconocidos en otro idioma.

Esas son las cosas que se graban en tu mente. Son los verdaderos souvenirs, no un llavero plasticoso que dura 4 días.

Como imaginarás, no somos muy del viaje modelo “como pollo sin cabeza”.

Nosotros estamos a favor del “menos es más”.

Por eso en este post queremos hablarte de un concepto que nosotros practicamos y al que nos encantaría que te apuntaras: el turismo slow.

Así que, acomódate porque te vamos a contar:

  • Qué es eso del turismo slow.
  • Razones por las que está dentro de nuestra filosofía.
  • Por qué el turismo slow es ab-so-lu-ta-men-te necesario en el mundo de hoy.

¡Vamos que nos vamos!

 

Qué es el turismo slow

Para que estemos en línea y ubicarnos bien, te contamos un poquito qué se considera turismo slow y de dónde sale.

El concepto Slow Tourism se entiende muy bien conociendo su origen.

Érase una vez en los años 80, un italiano llamado Carlo Petrini que harto de la cultura de la comida rápida o fast food y el estilo de vida que conlleva, fundó la organización Slow Food.

¿Y qué pretendía este buen hombre creando el movimiento Slow Food?

Según sus propias palabras: “defender las tradiciones regionales, la buena alimentación y el placer gastronómico, así como un ritmo de vida lento”. En definitiva, pararle los pies al crecimiento de los restaurantes de comida rápida y combatir la vida con estrés impuesto.

Esta filosofía llevada al mundo de los viajes es lo que entendemos por Slow Tourism. Es decir: la antítesis del turismo de masas.

Es una forma de viajar que también es un estilo de vida.

Esa manera de vivir que disfruta de las cosas sin prisas y se sumerge en la cultura de los sitios a los que va. Si viajas en plan carrera de obstáculos no te da tiempo a emocionarte con nada.

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Las 3 razones por las que el turismo slow está dentro de nuestra filosofía

Tenemos todo en común con el Slow Tourism, esa es la pura verdad. La sostenibilidad es nuestra bandera y algo que compartimos con el turismo sin prisas.

Esa manera de viajar en la que llegamos a los sitios para ser uno más, para que la máxima huella que dejemos sea el recuerdo de nuestra sonrisa y amabilidad con los locales.

El turismo slow lleva en su esencia el ser considerado con el planeta. Y nuestra filosofía también.

Mira todo por lo que hacemos frente común:

 

#1 Contribuir a la economía local

Esto va de comprar en los comercios de los sitios que visitamos y de consumir productos típicos de la zona.

De esta manera hacemos que los lugareños se ganen la vida y que no desaparezcan las maneras tradicionales de cultivo y comercialización.

Saborear una fruta que se cultiva en un pueblo y va del árbol a la mesa es algo de otro nivel. Para el paladar y para la economía de los agricultores.

Esto es algo que promulga el turismo sin prisas y que nosotros adoramos: saborear platos típicos de los sitios a los que vamos.

Y de paso ahorramos las emisiones del transporte que trae las cosas desde lejos 😉

 

#2 Preservar el medioambiente

Hay un montón de cosas que hacemos sin darnos cuenta cuando viajamos que maltratan a nuestro planeta.

Hemos ido entrando en un rollo de que en vacaciones todo vale que está teniendo unas consecuencias catastróficas en el medioambiente.

Y es que lavar tus toallas todos los días no parece un gran gasto de agua. ¡Pero no son solo las tuyas!

Otra cosa que compartimos con el turismo slow: ser conscientes de nuestro impacto en la naturaleza y sus recursos.

Viajemos conectando con los lugares a los que vamos. Participar en proyectos medioambientales o utilizar medios de transporte poco o nada contaminantes nos unen a los destinos de una manera más genuina.

 

#3 El respeto por los animales y su hábitat

Los animales y su entorno también forman parte de la cultura del viajero slow y de la nuestra, of course.

El desarrollo de un modelo turístico que no tiene en cuenta el descanso y preservación de las especies, que usa a los animales para su diversión o que tala árboles para construir resorts no nos entra en la cabeza.

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Igual que nos integramos con las personas que viven en los lugares turísticos a los que viajamos, hacemos lo mismo con los animales. Disfrutamos de ellos con cariño y de manera respetuosa.

Pero oye, tampoco se trata de renunciar a todo. Acariciar un perro que nos olisquea en una aldea o ver a un caballo en su hábitat mola. Pero siempre a su manera.

 

Por qué es tan necesario el turismo slow actualmente

Si tuviéramos que escoger solo un motivo para responder a la pregunta ¿por qué es necesario el turismo slow en el mundo de hoy?, lo tendríamos clarinete: porque nos estamos cargando la madre Tierra.

Pero como no es el caso y podemos, queremos añadir más cosas que nos mueven a trabajar como lo hacemos.

La colonización turística de muchos de nuestros lugares singulares ha causado que pierdan su esencia, esa que nos gusta ver cuando vamos. Por no hablar del deterioro de los monumentos y patrimonio cultural en general.
Terminamos con un motivo más íntimo para que le des al coco.

¿Te has planteado alguna vez que en un viaje repleto de hitos que cumplir sí o sí no hay espacio para la improvisación?

Viajar es inmersión, abrir la mente, renovar energías y desconectar con el frenético ritmo del día a día.
Un viaje son unas vacaciones, ¿por qué imponernos ese ritmo agotador?

Dale una vuelta a lo que te decimos, ojalá te subas con nosotros al carro del turismo slow y sostenible.

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